martes, 25 de septiembre de 2007

Un mal gesto.

Me vi con Natalia el martes, y el viernes y el sábado.Todo iba pintando bien hasta que el sábado por la tarde me encontré a mi hermana con sus amiguitas en el fnac intentando robar.
-"¿Qué mierda haces? Vas a pagar eso"-, le dije.
-"No llevo nada, no lo iba a robar, lo estoy mirando-", me responde sin esperárselo y poniendo cara inocente.
Lo que me jode que me trate de tonto... -"¡Mira, niña, no me mientas!"-, le grité y acto seguido le di un viaje y el mundo se vino abajo.
Natalia:-"¡Qué haces, animal!"-
Mi hermana (llorando): -"¡Lo estaba mirando!"-
Tal era mi enfado que no recordé las veces que he robado yo en el súper, en el kiosko de Kiko, la panadería,...
Llevé a mi hermana a casa y Natalia volvió a besarme. Pero sólo en la mejilla. Joder.
Un frío "Adiós" y se bajó del coche.
¿Tanto le ha afectado? Mi hermana ya ha olvidado el incidente. Ella no.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Una noche memorable

4 señores en un local privado con un montón de reinas. Hablé con gente y por fin encontré a Natalia, sentada en un sillón, y me miraba. -¿Qué haces aquí sola?-. Ella se quedó pensativa, a ver si lograba acordarse de mi nombre, pero imposible, era la primera vez que me veía.
-Mirando-, dijo.
Me senté con ella. Y cuando se acercó un poco más le besé. Le toqué el pecho suavemente para que no pensara que soy un bruto. Ya no podía parar.
-¿Nos vamos?-, le dije.
-¿Adónde?, dijo ella.
No hacía falta contestar. Montamos en el coche.
-Estás borracho, no conduzcas-, musitó.
-Lo que digas.
Bajamos del coche y fuimos al callejón. Ella tampoco quería hablar...

sábado, 15 de septiembre de 2007

La cueva

Queda abierta la cueva, donde solo hablaremos del vicio y el placer. Así que como llevo días sin comerme una rosca, voy a contaros como empezó esta racha mala que me veo matando de una escapadita a ver a mi vecina Lila. Ahora sale con un nota, pero nos da igual.
Hace unas pocas semanas, me encontraba saliendo con la piva mas maciza de todo Madrid. Cara de muñeca, sonrisa constante, pero tenía un secreto fuera de lo normal para mi entendimiento. Veía la necesidad de enroyarse con su amiga la gorda siempre que se veían hasta que un día las pillé con las manos en la...
-¿Pero qué coño haceis?-, las incordié.
Mi ya no tan dulce muñequita vino corriendo hacia mi para explicarse.
Quieta ahí, sigue comiéndote a tu amiga, que yo os veo.
Nada, no quisieron seguir y me fui a mi segunda casa, el bar del Toro.
-¿Qué pena traes?-, preguntó el Toro, mientras secaba una jarra.
-La zorra me ha dejado-.
-¿Por otro?-, incordiaba el Toro.
-Otra-.
-Toma, bebe eso-.